martes, 26 de febrero de 2013

La vida en dos tonalidades

La vida ciertamente no siempre es color de rosa, esa es una frase muy repetida en mi país. Se refiere a que no siempre la vida es alegre y divertida, trayendo consigo además muchos momentos que opacan esa felicidad. Cada persona ha cargado sus demonios desde la infancia, son aspectos que nos hacen únicos y que marcan nuestro modo de pensar. Desde niño mis demonios fueron acerca de mi sexualidad, no sabía lo que sentía, no lograba entender por qué me sentía diferente, por que actuaba diferente. 

Eso no cambia al crecer, es que nada lo hará. A nuestros demonios podemos enfrentarlos y vencerlos, pero jamás los alejaremos de nosotros. Mira un poco más cerca y verás a la niña gorda, al niño raro, al niño que llamaban maricón, a la niña que le decían zorra. Son esos demonios que la sociedad encarna y que viven para siempre. Es que debemos acostumbrarnos a que las situaciones pueden ser; Azul, Rosa y no tan Rosa.

No me sentía cómodo con mi sexualidad durante mi adolescencia, tal vez por que en el fondo quería ser normal. Pero ¿quién define lo que es normal y anormal? ¿Que aspectos incluye lo que algunas personas llama normal? ¿Todo lo que es diferente a lo que conoces debe ser estrictamente anormal?. Imagina para un joven de solo 14 años pensar en todas esas cosas, tratando de pensar y actuar coherentemente y de acuerdo a lo que establece la sociedad. Me sentía diferente, era diferente. La gente decía sin yo preguntar, que la homosexualidad es un pecado, es malo, es anticristo y es solo para personas pervertidas. Yo jamás me sentí pervertido, no quería ser pecador, ¿era malo solo por el hecho de sentir diferente?, no había amado a nadie ni cometido algún pecado, pero ¿aún así era malo?, siempre me preguntaba ¿ser así es tan malo como ser un asesino o un violador?.

La sexualidad es un tema para debatir por largas y largas horas, pero no es el tema central de este texto. A decir verdad, solo quería compartir mis demonios, quienes pude vencer pero que aún me acompañan. En la actualidad acepto mi orientación sexual, así como lo hacen mis amigos y mi familia. De igual manera siempre habrán prejuicios que manchen lo que eres, en lo personal siempre me sucede. Un prejuicio al que debo afrontar a diario es a "los gays son promiscuos y se contagian de enfermedades". No negaré jamás que los gays son promiscuos, tal cual como lo son los heterosexuales. ¿Por que separar por orientación sexual?, sabiendo que en algún momento de la vida, la gran mayoría de personas heterosexuales han sido infieles, le han sido infieles, han oído el cuento de la amiga que anda con dos hombres a la vez o el amigo que se acuesta con todas de la universidad y así infinidad de ejemplos. ¿Por que no aceptar de una buena vez que la promiscuidad es una opción tanto para homosexuales como para heterosexuales?.

He visto ambas caras de la moneda, desde el hombre temeroso y asqueado de los homosexuales hasta los Hombres (quienes merecen ser llamados de tal forma) a quienes no les produce ningún inconveniente relacionarse socialmente con personas homosexuales y que respetan la orientación de cada quien.

El título de este texto viene a ser una representación de la película de origen Venezolano-española que lleva por nombre "Azul y no tan Rosa", dirigida por Miguel Ferrari, actor y quien con la misma se estrena como director en la pantalla grande. Esta, fue una de las pocas producciones que me han hecho ir una y otra vez a verla en la pantalla grande, específicamente para este filme, trece veces. Aunque ciertas actuaciones no son del todo convincentes y la trama se torna predecible, no deja de asombrarte, de hacerte llorar y así mismo de reír. Desde su inicio con una coreografía teatral, sientes como la piel se eriza y conforme van pasando los minutos te das cuenta que llega el final, con un texto a cargo de la actriz Hilda Abrahamz que te deja un sabor muy dulce en la boca.

No importan los estigmas sociales a los que nos afrontemos, debemos ser igualmente respetuosos, no podemos pedir respeto al homofóbico agrediéndolo. Si, es difícil de entender para algunos, pero si queremos una sociedad tolerante, empieza a serlo tu mismo(a), no insultes al homofóbico que te señala, no ganarás nada insultándolo de vuelta. 

Para los gustos, están los colores.